• Preguntas frecuentes


    La atmósfera terrestre permite la vida como la conocemos gracias al efecto invernadero, un mecanismo producido por un conjunto de gases, llamados Gases de Efecto Invernadero (GEI), como el dióxido de carbono y el metano. Estos crean una capa que logra contener la humedad, la temperatura y los intercambios gaseosos que permiten la vida terrestre. Sin la existencia de este mecanismo, la temperatura atmosférica sería de aproximadamente  -18 °C.  En ese contexto, el calentamiento global es el proceso por el cual los gases que producen el efecto invernadero tienden a una mayor acumulación en la atmósfera y alteran el balance del efecto invernadero. El uso intensivo de combustibles fósiles (como el petróleo y el carbón mineral) y el cambio de uso de la tierra, al igual que otras actividades, producen grandes cantidades de GEI, que son emitidos a la atmósfera. El cambio climático representa la transformación manifiesta en el clima y en las corrientes oceánicas, inducida por el proceso de incremento sostenido de las temperaturas, conocido como calentamiento global, que ocurre como resultado de la mencionada acumulación de los GEI.

    La administración administra el riesgo inmediato y la gestión es multidimensional, multifocal y a largo plazo.

    La adaptación al cambio climático se refiere a los ajustes en los sistemas humanizados o naturales en respuesta a los estímulos actuales o futuros del clima y sus efectos, de modo que se minimicen los daños y se aprovechen las nuevas oportunidades generadas por tales cambios. Se han definido hasta ahora, tres tipos al menos en las formas de adaptación: anticipada o proactiva; espontánea o autónoma y planificada.

    La mitigación en la GRRD es la reducción de los factores que contribuyen a la construcción del riesgo de desastre. Por su parte, en el ámbito del cambio climático, este término alude a la reducción de las emisiones de GEI, que contribuyen con el calentamiento global.

    La vulnerabilidad es un concepto fundamental, tanto en la GRRD como en la ACC. Se  expresa como una condición intrínseca del sujeto o comunidad, según la cual es más o menos probable que sufra daño ante la manifestación de un evento o fenómeno peligroso. También involucra el grado de capacidad de recuperarse de tal evento de manera autónoma. Este concepto adquirió mucha más relevancia desde que se promueve el enfoque de la GRRD, debido a que su abordaje está orientado a la introducción de políticas y acciones para reducirla y de ese modo, contribuir de forma real y con enfoque de largo plazo, a la reducción en el número y especialmente, en el alcance de los daños relacionados con la ocurrencia de desastres. Por su parte, la ACC ha identificado como uno de sus objetivos el conocer el comportamiento de esa vulnerabilidad en un contexto de cambio climático, para así lograr concentrar sus esfuerzos en el ajuste de aquellos sectores, actividades y comunidades más propensos a ser afectados por los efectos adversos de las modificaciones en el clima.

    Pobreza y vulnerabilidad se presentan con frecuencia en las mismas áreas pero no son sinónimos. Generalmente, los daños originados por grandes desastres se concentran en los grupos con menos recursos económicos, pero a menudo  desastres de baja intensidad y alta frecuencia, como por ejemplo inundaciones urbanas en época lluviosa, afectan a familias de toda clase que habitan áreas altamente pobladas con una pobre gestión del territorio. Una escasa cohesión social puede exacerbar el riesgo y hacer a las comunidades más vulnerables, dificultando su recuperación del impacto de un evento dañino. Esta condición no sólo puede ocurrir entre la población pobre o de muy bajos ingresos, sino también en grupos más solventes. De hecho, un cambio en el poder adquisitivo no garantiza por sí mismo una reducción de la vulnerabilidad, como lo prueban estudios que han demostrado que sin la adecuada gestión pública y educación del individuo, familias que progresan económicamente pueden tomar malas decisiones y optar por re-asentarse en sitios muy poco apropiados. El problema de la relación entre pobreza y vulnerabilidad es estructural: reducir la vulnerabilidad entre la población menos favorecida económicamente requiere de tiempo y políticas públicas consistentes y permanentes. La pobreza induce a variados niveles de exclusión respecto de los beneficios y oportunidades para optar por vivienda digna, educación adecuada y trabajo debidamente remunerado. Un número usualmente significativo de la población en Latinoamérica y el Caribe sufre de tales condiciones y esto ayuda a que la vulnerabilidad se construye y consolida en comunidades urbanas y rurales de toda la región.

    A finales de  la década de 1980 comienzan a aparecer referencias acerca de cambios en el clima que estarían asociados con las emisiones de CO2 y de otros GEI. Poco tiempo después es constituido el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) y el tema adquiere aún más relevancia a partir del establecimiento de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC), suscrita por muchos países que ante ella presentan los informes conocidos como Comunicaciones Nacionales para la CMNUCC.  Pese a cuestionamientos sobre la veracidad del calentamiento global, grupos de científicos de todo el mundo que colaboran con el IPCC han identificado tendencias al alza en la temperatura del planeta, modificaciones en los patrones de lluvia y ascenso del nivel del mar, entre otros. Como resultado de ello, se han reportado y estudiado efectos adversos derivados de tales manifestaciones, entre otras, el deshielo acelerado de glaciares milenarios en las cumbres andinas, la reducción del territorio habitable en islas pequeñas y la desaparición de ecosistemas y sus especies. Los efectos susbsecuentes de estos y otros procesos  se vinculan así, en muchos, casos, al cambio en el comportamiento de fenómenos que pueden asociarse con amenazas naturales, las mismas que hoy son un componente del riesgo y a partir de él, pueden originar desastres. A la vez, la influencia del cambio climático podría agravar la vulnerabilidad de millones de personas en todo el mundo e incrementar el daño producido por los desastres en la medida en que sus medios de vida y otros recursos pueden ser erosionados progresivamente a causa de variaciones en el clima capaces de alterar los ciclos agro-productivos, reducir significativamente la disponibilidad de agua para consumo humano o incrementar la frecuencia o intensidad de los incendios forestales, entre otros.

    Este asunto es actualmente el centro de un debate fundamental, puesto que existe confusión acerca de cuál será el rol de cada una de ellas, debido en parte a que por la relevancia de los desastres en el mundo en desarrollo y cada vez más también, en algunos países ricos, la adaptación al cambio climático (ACC) ha tendido a ser orientada hacia el problema de la vulnerabilidad , en particular, cuando se trata de fenómenos atmosféricos que podrían intensificarse por el cambio climático, como los huracanes. No obstante, hay que recordar lo siguiente:

    1. La Gestión para la Reducción del Riesgo es hoy un cuerpo de conocimiento específico y tiene ya experiencia en el trabajo relacionado con los riesgos asociados con la variabilidad climática
    2. La GRR puede aportar a la  ACC elementos relacionados en particular, con metodologías para el abordaje de poblaciones vulnerables a variaciones en el clima
    3. Es preciso aclarar que no obstante, la GRR actúa sobre escenarios de riesgo actuales, de intensidades y magnitudes conocidas y patrones de eventos relativamente familiares, en tanto que la ACC refiere a contextos donde tales patrones y los umbrales asociados con la fenomenología climática, se ha dicho, diferirán respecto de los de hoy
    4. La gestión del riesgo aborda los extremos climáticos así como los eventos dañinos de menor magnitud , tanto en su trabajo regular en cuanto a la planificación y las políticas para la reducción de la vulnerabilidad, como desde la subcomponente de la respuesta y la atención a emergencias.
    5. La ACC por su parte, aunque impulsada como una corriente separada, tendría en realidad más relación directa con la gestión del desarrollo como su cuerpo teórico unitario de referencia, mucho más que como ocurre con la gestión del riesgo de desastres, pues que la ACC debería dedicarse a la transformación de estructuras de producción de servicios, alimentos y energía, sólo que éstos deben considerarse bajo un nuevo contexto climático y según las estimaciones que para los distintos horizontes del clima se pueden estimar, con base en modelizaciones derivadas del estudio de la ciencia del cambio climático.  A diferencia de lo que algunos opinan, sería difícil orientar o planificar la ACC considerando extremos del clima, y habría que cuestionar si tal sería su propósito.

    Los gases de efecto invernadero absorben la radiación infrarroja,emitida por la superficie de la Tierra, por la propia atmósfera debido a los mismos gases, y por las nubes. La radiación atmosférica se emite en todos los sentidos, incluso hacia la superficie terrestre. Los gases de efecto invernadero atrapan el calor dentro del sistema de la troposfera terrestre. A esto se le denomina ‘efecto invernadero natural.’ La radiación atmosférica se vincula en gran medida a la temperatura del nivel al que se emite. En la troposfera, la temperatura disminuye generalmente con la altura. En efecto, la radiación infrarroja emitida al espacio se origina en altitud con una temperatura que tiene una media de -19°C, en equilibrio con la radiación solar neta de entrada, mientras que la superficie terrestre tiene una temperatura media mucho mayor, de unos +14°C. Un aumento en la concentración de gases de efecto invernadero produce un aumento de la opacidad infrarroja de la atmósfera, y por lo tanto, una radiación efectiva en el espacio desde una altitud mayor a una temperatura más baja. Esto causa un forzamiento radiativo, un desequilibrio que sólo puede ser compensado con un aumento de la temperatura del sistema superficie–troposfera. A esto se denomina ‘efecto invernadero aumentado’.

    Fuente: IPCC.  Glosario de términos utilizados en el Tercer Informe de Evaluación