• Adaptación

    La adaptación al cambio climático es definida como las iniciativas y medidas encaminadas a reducir la vulnerabilidad de la sociedad y la susceptibilidad de los sistemas naturales, ante los efectos reales o esperados del cambio climático. (IPCC, 2001).

    La gestión del riesgo refiere a una variabilidad presente sobre la cual se procura intervenir, manejando un rango definido de amenazas (eventos extremos, duración de los mismos) basándose en el paradigma actual, resultado de décadas de experiencia en el sector.

    La adaptación al cambio climático sugiere nuevos escenarios, donde los paradigmas podrán variar en escenarios cualitativamente distintos y  con efectos sectoriales y estructurales que no necesariamente se manifestarán como eventos dañinos para la población.

    Es así como una vez agotado el ámbito de la GR sobre los escenarios que aborda a partir de contextos actuales, la adaptación al cambio climático se convierte en un proceso de ajuste basado en la consideración de un nuevo escenario que se esboza además como permanente.

    La ventaja del actual escenario para el trabajo conjunto, es que mucho de lo que se requiere abordar para el cambio climático, ya ha sido camino adelantado por el  estudio del riesgo de desastre.

    La adaptación al cambio climático, así como la gestión del riego, no se pueden desligar del desarrollo. Una optima gestión territorial, así como institucional, una optima capacitación social y adopción de tecnología, son componentes integrantes tanto del desarrollo así como de la adaptación y la gestión del riesgo.

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    • Construcción de diques fluviales o costeros para contrarrestar el aumento del nivel del mar o las crecidas del río.
    • Diversificación de cultivos con sustitución de plantas sensibles por algunas resistentes al choque térmico, otras a la sequía o al exceso de agua. Mejoraría la resistencia de  los cultivos a los extremos climáticos.
    • Migración de biodiversidad a nichos ecológicos más favorables (más altitud, más desplazamiento). La fauna encuentra los ecosistemas más favorables para cada especie.
    • Cambios en sistemas de irrigación. Los cambios tecnológicos podrían permitir la continuación de una actividad que de otra manera habría que abandonar. El riego por goteo será probablemente la única opción en muchas zonas amenazadas por la sequía.
    • Uso racional de los recursos (agua y suelo principalmente).
    • Construcción de casas antisísmicas o elevadas con pilones anti inundación.
    • Planificación urbanística y paisajística multidisciplinaria.

    Existen diferentes tipos de adaptación; por ejemplo: preventiva y reactiva, privada y pública, y autónoma y planificada.  Como se observa, las dos primeras se asemejan a las definiciones acuñadas para la gestión correctiva y la gestión prospectiva del riesgo.

    Otra categoría que se ha identificado es la “mala” o “inadecuada” de la adaptación al cambio climático.

    Esta se refiere a aquellas iniciativas que estando dirigidas a reducir la vulnerabilidad de un sistema, no alcanzan su propósito y pueden por el contrario, producir daños mayores derivados del cambio climático. Dicha “mala adaptación” suele tener como origen la deficiente o del todo ausente información sobre el impacto potencial que ciertos desarrollos o actividades pueden tener para otros sectores, o ya sea, la inadecuada consideración de tales impactos.

    Ejemplos: en épocas de sequía la gente acumula agua, pero en malas condiciones de salubridad esa acumulación desencadena dengue. O comunidades que se preparan para quedarse incomunicados en periodos de lluvia, en vez de adecuar la vía de acceso para que jamás se interrumpa.

    Para una óptima organización social y política, y también para una óptima gestión económica, las comunidades de GR y de ACC se ven obligadas a adecuar marcos institucionales y de gestión, integrándose o coordinándose, según sea la decisión a nivel nacional.

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